Historia de un pepe
Historia de un pepe 
Los botones de la casaca del capitán
Entre las 9 y las 10 de la noche del día en que tuvo lugar la escena que hemos referido en el capítulo anterior, llamaron once veces a la puerta de la casa del escribano real, don Ramón Martínez de Pedrera. Apenas cerraba los ojos el pobre viejo negro, saltaba en su butaca, despertado por un aldabonazo; y cuando había repetido la operación de abrir al séptimo u octavo de los que llamaban, murmuraba entre dientes que valdría más dejar abierta la puerta y que entrara todo aquél a quien le diera la gana. Pero aquello no fue sino un inocente desahogo de Benito, pues bien sabía él que un descuido de esa clase habría de costarle muy caro con el amo, que con su humor festivo, solía ser hombre de muy malos ímpetus.
