Historia de un pepe
Historia de un pepe Entretanto, se verificaba en el joven teniente un fenómeno fisiológico que no nos atrevemos a explicar y cuya causa podría tal vez buscarse en ese íntimo enlace que existe en nuestras afecciones morales y nuestros órganos. Aquel amor ardiente que Gabriel sentía hacia la hija del maestro de armas, perdió gran parte de su intensidad en los días que estuvo sufriendo la herida, que le hizo perder no poca sangre y que agotó considerablemente sus fuerzas. Esto chocará sin duda a aquéllos de nuestros lectores, y principalmente de nuestras lectoras que consideren el amor como un sentimiento puramente platónico, libre de la influencia de la acción de los sentidos. Pero hemos tenido que confesar desde el principio que el afecto que experimentaba nuestro héroe no era por desgracia de esa naturaleza. Si consideramos, además, que la vanidad del joven oficial debió de haber subido de punto con el buen éxito de su primer hecho de armas, y no olvidamos, por otra parte, que las ideas aristocráticas en que fue educado se habían hecho oír en lo más recóndito de su alma, nos sentiremos inclinados, ya que no a disculpar, al menos a no extrañar mucho que el amor del teniente Fernández hacia la desdichada hija del maestro de armas comenzara a decrecer, entrando en lo que podríamos llamar el período álgido, tomando esta voz a la patología.