Historia de un pepe
Historia de un pepe Milla, el humorista, tuvo la fortuna de no conocer ese estado espantoso del alma humana. Su risa era llana, sana e ingenua. Quien vea su retrato y estudie esa fisonomía tan interesante, no dejará de descubrir en el rincón de las comisuras de sus labios, una sonrisa picaresca, que tenía el don de comunicar a sus lectores hasta transformarla en hilaridad general. Cuando Milla ríe, ríe de veras, de una sola pieza; es comunicativo, buen compañero y excelente amigo para ahuyentar el spleen y la melancolía. Por eso es que, en el hogar guatemalteco las obras de nuestro compatriota se conservarán siempre con amor, y que las madres tendrán siempre derecho de enseñar a los suyos con legítimo orgullo la obra de un autor nacional, que supo interpretar nuestras costumbres, creó tipos que no morirán en nuestra escuela literaria y mantuvo vivos en la conciencia el honor y la virtud.
RAMÓN A. SALAZAR.
Guatemala, Septiembre de 1897.