Historia de un pepe
Historia de un pepe En el centro mismo de aquel cementerio de vivos había otro de muertos, el de la parroquia del Sagrario, que ocupaba el sitio donde se levanta hoy el mercado central, ¡Extrañas vicisitudes las de las cosas de este mundo! Aún no hace cincuenta años la manzana que cae al oriente de la catedral era un lugar destinado a guardar los despojos de la muerte. Un día se notificó a los difuntos la orden de desocupar el campo y las blancas osamentas tomaron, en silencio, el camino de San Juan de Dios. Aún nos parece que vemos desfilar por las calles la fúnebre procesión.
Hoy ocupa el antiguo palacio de la muerte todo cuanto puede contribuir a mantener la vida. ¡Qué bullicio! ¡qué algazara! ¡qué animación! Cuando solemos atravesar el mercado, abriéndonos paso con dificultad al través de los promontorios de vendimias y entre la apilada muchedumbre de los expendedores, nos asalta la idea de que sería un espectáculo curioso el que se ofrecería a aquella multitud si se presentaran de repente los antiguos propietarios del local, reivindicando el sitio de que se les despojó sin oírlos.
Perdonad, lectores, la digresión, y volvamos al año 1792, en que no había en la plazuela del Sagrario mercado sino cementerio.