Historia de un pepe
Historia de un pepe Arochena no lo juzgó así. Instruido del rumor a que hemos aludido, supuso, como era natural, que se había elegido la familia Fernández por sus circunstancias especiales. Trató de averiguar el paradero de los sirvientes de la casa y dio con una mujer que había sido por mucho tiempo criada de la esposa de don Fernando. La interrogó con maña, le ofreció pagar generosamente las revelaciones que le hiciera; pero no pudo obtener dato alguno, por la sencilla razón de que nada sabía la mujer. No se habrá olvidado que el secreto estaba entre el dependiente de Fernández y sus dos criados. De éstos, el uno había muerto seis u ocho años antes y el otro había desaparecido yendo probablemente a establecerse en alguna de las provincias distantes. Vista la imposibilidad de averiguar cosa alguna por aquel lado, dirigió Arochena sus trabajos hacia otras partes.
Sospechando que quizá el escribano don Ramón Martínez de Pedrera, en cuya casa vivía Gabriel, pudiera estar instruido del secreto, trató de interrogar al criado negro de don Ramón. No le faltó pretexto para buscar a éste varias veces, en las horas precisamente en que sabrá que no había de encontrarlo y procuró entablar plática con Benito; pero toda su sagacidad se estrelló en la reserva del esclavo, que contestó a las preguntas de don Diego con el laconismo que había empleado al responder al mismo Gabriel, el día que llegó a la casa.