Historia de un pepe
Historia de un pepe Cuatro o cinco noches hacía ya que aquel individuo, que tenía todas las trazas de un cucuxque, o pordiosero de la categoría más miserable entre los de su clase, elegía aquella grada como dormitorio, cuidándose muy poco de que uno de esos aguaceros que no son raros en aquella estación, le proporcionase un baño de que no tenía poca necesidad tanto la persona como los mugrientos harapos que la cubrían. Nadie había pasado que viera a aquel dormido; y si algún ser viviente hubiera atravesado la calle, no es probable hubiese fijado la atención en semejante circunstancia, harto común en aquellos tiempos. Pero a la sexta noche, como a las doce, llegó un individuo embozado en una capa de color oscuro, y con un sombrero negro hundido hasta los ojos, se paró a la puerta de una de las casas del frente de aquélla donde dormía el mendigo. Iba tal vez a entrar; pero dirigiendo la vista a la banda opuesta, percibió el bulto que formaba el dormido y se dirigió hacia él con paso precipitado.
La noche era oscurísima. Un espeso pabellón de nubes negras cubría el firmamento, sin dejar paso a la luz de una sola estrella, y de vez en cuando caían algunas gotas de agua, de ésas que suelen preceder a un copioso aguacero. Divisábanse a lo lejos, por la parte del sur, relámpagos fugitivos, indicio de la tempestad que descargaba sobre la costa, y se oía el trueno distante que acompaña al rayo.