Historia de un pepe
Historia de un pepe 
Manuelita la Tatuana
Desde que Gabriel Fernández estuvo seguro del amor de Matilde de los Monteros y del agrado con que la familia de ésta veía el proyectado matrimonio, aguardaba impasible el consentimiento de su padre, y que la fortuna, que tan propicia se la había mostrado hasta entonces, le hiciese un nuevo favor, proporcionándole el ascenso en su carrera que pondría el colmo a sus más lisonjeras esperanzas.
Aun cuando sea con perjuicio de nuestro héroe, debemos confesar que en el sentimiento que experimentaba por aquella joven, había más amor propio y vanidad que verdadera pasión. Lo halagaba la idea de ser dueño absoluto de aquel corazón rebelde que había sabido resistir a las solicitudes de tantos adoradores y la de haber dominado el orgullo de la mujer que lo viera al principio con la más desdeñosa indiferencia. Pero aquella ilusión, aquella ternura con que había amado a la pobre hija del maestro de armas, no entraban casi por nada en las relaciones un tanto frías y medio ceremoniosas con la brillante y aristocrática belleza que era ya su novia a los ojos de la sociedad.
