Historia de un pepe
Historia de un pepe 
Cómo cumplió su promesa el alcalde don Diego de Arochena
Los diez individuos a quienes habían visto entrar en el cementerio los espías de Arochena, estaban encerrados en la capilla. Como el alcalde y su gente entraron sin hacer el más ligero ruido, no advirtieron aquéllos lo que sucedía y no pudieron ponerse a salvo. Dejó don Diego diez hombres a la puerta y entró con los demás que componían el cuerpo de policía que había organizado.
Al verse sorprendidos los de la capilla, quisieron hacer uso de las armas; pero Arochena estaba resuelto a no dejar escapar uno solo.
—¡Téngase a la justicia del rey! —gritó, levantando la vara, símbolo de la autoridad—, ¡Fuego sobre el primero que haga el menor movimiento!
Los veinte hombres del alcalde apuntaron con sus fusiles al grupo de los embozados, que no se atrevieron a hacer resistencia.
—Desarmarlos y atarlos —dijo en seguida Arochena; y mientras cuatro de los suyos se ocupaban en cumplir aquella orden, tomó don Diego una linterna y fue examinando a los presos uno por uno con el mayor cuidado.
