Historia de un pepe
Historia de un pepe 
El consejo de Rosalía
La recompensa
—Vengo a manifestar a usted —dijo Gabriel al albacea de don Ramón Martínez de Pedrera, a quien encontró cenando—, que he reflexionado y acepto la herencia del escribano real.
El sujeto a quien se dirigieron estas palabras, puso sobre la mesa el tenedor y el cuchillo, se limpió los labios con la servilleta y sonriéndose con malicia contestó:
—De sabios es mudar de consejo. Usted ha caído en la cuenta de que no todos los días se presentan ocasiones de ocultar reos, de que condenen a éstos a la horca y de que le dejen a uno su caudal. ¿Gusta usted de cenar?
Dicho esto, prendió un alón de pollo y comenzó a masticarlo muy despacio.
—Gracias —contestó Gabriel con sequedad—. Venía yo únicamente a comunicar a usted mi resolución.
