Historia de un pepe
Historia de un pepe Cuando el Señor Milla y Vidaurre estaba en todo el apogeo de su gloria; cuando su nombre se pronunciaba con respeto y con cariño en los círculos literarios de América y España; cuando era ya el maestro de una generación, anterior a la mía, que logró, en tiempos posteriores, figurar entre los hombres más notables que en las letras ha producido el país, en los últimos tiempos y que aun lloran la memoria del Maestro, yo daba los primeros pasos en las aulas, contentándome en mis horas de ocio con saborear las narraciones del inimitable fotógrafo de nuestras costumbres, y del ingenioso novelista que en sus páginas atildadas y llenas de esprit nos revelaba los secretos de los primeros tiempos de la colonia, y nos hacía ver de bulto aquellas figuras legendarias de los conquistadores de este reino, agrupados al rededor del más grande entre ellos, el Adelantado Don Pedro de Alvarado y su romántica esposa Doña Beatriz de la Cueva, la sin ventura. Así es que estuve a punto dé declinar dicha honra inmerecida.
Mas pasó por mi espíritu relampagueando una idea: la de que la política nos llevó a campos distintos.
Él fue miembro conspicuo del partido conservador de Guatemala y yo he militado, en mi humilde esfera, en el partido radical.
Él fue grande en el terreno de las letras centroamericanas, y yo voy luchando aún por alcanzar algún puesto en la república literaria.
