Historia de un pepe
Historia de un pepe 
Donde el cadete Fernández resuelve hacer lo que no haría a no estar loco de enamorado
El capitán Matamoros, cuando oyó lo que refería su hija, se puso en pie medio tambaleando y exclamó:
—¡Pie de lana! ¡Pie de lana! ¡Vaya un personaje para poner en alarma toda una ciudad! Años hace que ese ladronzuelo es el caco de Guatemala. Capitán general. Audiencia, batallón de linea, escuadrón de dragones, cuerpo de artillería, todos, hasta la Inquisición, han procurado darle caza y nada. Aparece y desaparece como si fuera brujo, y después de no oír hablar de él en mucho tiempo, de repente se nos cuenta alguna nueva fechoría suya. Que me den seis lanceros y me obligo a presentar en ocho días el cuero del tal Pie de lana y a entregar amarrada toda su cuadrilla. ¡Pues bueno soy yo para chanzas! Cuando fuimos a Roatán a desalojar el inglés…
—Pero, padre —interrumpió Rosalía—, el inglés daba la cara y Pie de lana no hace frente sino cuando los soldados son pocos. Nadie lo ha visto, ninguno lo conoce; se sabe que existe, que mata, que roba y es imposible dar con él.
