La hija del Adelantado

La hija del Adelantado

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Capítulo XI

BATIDO y descorazonado se encontraba un día el bueno del doctor Peraza, a punto de no prestar la menor fe a la eficacia de los vegetales, por no haber podido dar con la yerba del amor; cuando se le presentó una mujer anciana, acompañada de una joven cuya salud parecía muy deteriorada. Era una pobre madre que acudía a la caridad del herbolario, alarmada al ver los progresos de la enfermedad de su hija. Examinó el doctor a la muchacha, hízole muchas preguntas, y la dolencia hubo de parecerle sumamente oscura. Después de muchas investigaciones, y habiendo exigido a la madre no le ocultase circunstancia alguna de las que pudieran aclarar el origen del padecimiento de la joven, la anciana, con gran misterio y usando de mil rodeos, explicó al médico la verdad del caso. Había tenido empeño en que la muchacha se casara con un pariente suyo, que por todos conceptos la convenía; pero sus instancias y consejos fueron inútiles y no alcanzaron a vencer la repugnancia que sentía la joven hacia el hombre que se le destinaba por esposo. Entonces, por indicación de una vecina, dispuso dar a la muchacha un bebedizo, para que se convirtiera en amor el odio que sentía por el pretendiente; y habiendo recurrido a un indio anciano de Petapa, que sabía preparar la bebida, la suministró a la joven e instantáneamente se cambió en el más decidido afecto la aversión que antes sentía por el pariente. Por desgracia, cuando esto sucedió, el joven, cansado ya de porfiar en vano, se había casado con otra, ignorándolo la anciana. Cuando la muchacha supo lo que ocurría fue cayendo en un abatimiento mortal, se puso cadavérica, no comía ni conciliaba el sueño, quedando reducida al más miserable estado.


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