La hija del Adelantado
La hija del Adelantado El médico Peraza era, aunque sin parecerlo, el verdadero jefe de los conjurados. Con talento y decisión y poseído de una ambición insaciable de gloria y de riquezas, aquel atrevido pechero tenía en sus manos los hilos de la trama y los manejaba con habilidad y astucia, moviendo a todos los conspiradores, convertidos, sin saberlo, en agentes suyos.
Una noche del mes de febrero reuniéronse estos en casa del herbolario, con todas las precauciones, que acostumbraban tomar cuando celebraban aquellas juntas. Por calles extraviadas fueron llegando uno en pos de otro, entrando unos por la puerta principal de la casa, y otros por la excusada, que daba a un callejón obscuro y poco frecuentado. Reuníanse en un subterráneo que Peraza había hecho construir secretamente y cuya entrada sólo él, y los conspiradores conocían. Estaban allí Castellanos, Ovalle, Ronquillo, y otros muchos afiliados, descontentos del Gobernador, ya porque no habían sido bien despachadas diferentes solicitudes suyas, ya porque ambicionaban destinos, ya, en fin, porque estaban agitados por ese espíritu inquieto y descontentadizo que con nada se satisface y que está siempre dispuesto a provocar trastornos. Presidía la reunión el Tesorero real, jefe aparente de los conjurados.