La hija del Adelantado
La hija del Adelantado
L Palacio del Gobernador tenía varias puertas. En una de las laterales fue donde los conspiradores dejaron a doña Juana de Artiaga, después de haberla sacado del sótano de la casa del médico Peraza. Hiciéronlo así por precaución, considerando expuesto aproximarse a la puerta principal, donde estaba el cuerpo de guardia. Doña Juana, extenuada por el insomnio y por la falta de alimentos y conmovida por las escenas del subterráneo, no tuvo fuerzas ni para llamar a la puerta, cayendo delante de ella como un tronco inanimado. Así permaneció dos o tres horas, hasta que habiendo amanecido y abiértose el Palacio, se encontró a la infeliz señora, que parecía más bien un cadáver que no un ser humano.
Avisada doña Leonor, salió precipitadamente de la cama y pasó a la habitación de su amiga, donde encontró a ésta en la penosa situación que hemos dicho. Abrazáronse derramando abundantes lágrimas, y durante largo rato permanecieron sin decirse una sola palabra. Doña Leonor temía preguntar a doña Juana sobre su misteriosa desaparición y la pobre joven temblaba a la sola idea de referir los pormenores de aquel suceso, cuyo recuerdo habría querido borrar para siempre de su memoria.