La hija del Adelantado
La hija del Adelantado HabrÃan pasado diez minutos de aquella escena, cuando resonaron dos recios aldabonazos en la puerta de la calle. La viuda misma corrió a abrir. Era Robledo. En dos palabras lo impuso de lo que pasaba, diciéndole que RodrÃguez la habÃa obligado con amenazas a firmar, un papel que la perderÃa para siempre y que reanudarÃa las relaciones de Portocarrero con doña Leonor. El Secretario escuchó aquella relación con mucha calma, y cuando Agustina le dijo, en conclusión, que era indispensable arrancar aquel documento a RodrÃguez, Robledo, sin decir palabra, sacó un papel del bolsillo y mostrándolo a Agustina, dijo:
—¿Será este el papel que deseáis recobrar?
Agustina lo examinó con la mayor atención, y vio su letra fresca aún, y no podÃa creer el testimonio de sus propios ojos. Era el mismo que ella acababa de firmar.