El paraíso perdido
El paraíso perdido Cual de sí volar no puede un paso
Aunque cambie de lugar: despierta ahora la conciencia
El dormido desespero, el recuerdo amargo
De quién fue, qué es, y qué ha de ser: peor,
Pues a peores actos peores sufrimientos seguirán.
A ratos hacia Edén, que ahora ante su vista
Yace deleitable, sus dolientes ojos torna triste.
A ratos hacia el Cielo y el Sol centelleante,
Asentado ahora en su alta torre meridiana.
Y después, rumiando mucho, con suspiro empieza:
«Oh tú que, de inefable gloria coronado[178],
Miras como un Dios desde tu Imperio solitario
Este nuevo mundo; a cuya vista toda estrella
Su menguada testa esconde; a ti te hablo,
No con voz amiga, y tu nombre añado,
Oh Sol, al decirte cuánto odio yo tus rayos,
Que me traen recuerdo del estado del que caí,
Y cuán glorioso fui otrora sobre esa esfera tuya:
Orgullo y ambición me despeñaron
Pues batalla di en el Cielo al Rey del Cielo impar.
¡Y por qué! No merecía tal respuesta mía
Quien creó lo que yo era