El paraíso perdido
El paraíso perdido Céntricos y excéntricos, orbe dentro de orbe:
Estas cosas las presiento ya en tu razonar,
Pues, guía que serás de tu linaje, ya supones
Que los cuerpos más brillantes y mayores no tendrían
Que servir a los menores, ni girar los cielos tanto,
Mientras esta Tierra bien sentada logra, sola,
Todo el beneficio. Considera, pues, primero,
Que tamaño o brillo no confieren excelencia:
La Tierra, comparada con el cielo tan pequeña
Y apagada, puede que contenga, de concretos bienes,
Más porción que el Sol, que brilla estéril,
Con virtud que en sí no tiene efecto,
Sino en la Tierra fértil: sólo cuando ahí sus rayos
Llegan, inactivos de otro modo, su vigor ejercen.
Mas las esplendentes luminarias no son servidoras
De la Tierra, sino tuyas, habitante terrenal.
En cuanto al vasto círculo celeste, deja que proclame
La magnificencia del Creador, que construyó
Con amplitud y prolongó su línea hasta tan lejos,