El paraíso perdido
El paraíso perdido De la Tierra a Puertas de los Cielos, descontentos
Las oyeron todos y una lóbrega tristeza aquella vez
Prendió en los rostros celestiales; mezclada, sin embargo,
Con piedad, su beatitud no violentaba.
Hacia los recién llegados, en grandiosa multitud
Corrió el Etéreo Pueblo, para oír y conocer
Lo sucedido. Ellos al Supremo Trono
Responsables se apresuran a fin de disculpar
Con justos alegatos su impecable vigilancia,
Fácilmente exonerada cuando el Altísimo,
Eterno Padre desde su secreta nube,
Entre truenos, hizo así surgir su voz:
«Ángeles reunidos, Potestades retomadas
De fallida comisión, no desmayéis,
Ni os turben las noticias de la Tierra:
Vuestro celo más sincero no podía conjurarlas,
Pues predicho estaba lo que había de ocurrir,
Desde que cruzara el Tentador la Sima del Infierno.
Yo os dije entonces que él haría triunfar
Su pérfido mandado, que sería seducido el hombre