El paraíso perdido
El paraíso perdido Correría antes que tú, e imploraría aún más fuerte
Que sentencia y pena a mí me golpeasen sólo,
Perdonados tu flaqueza y sexo más infirme,
Que me fueron confiados y yo expuse.
Mas levanta, no riñamos más ni nos culpemos
Uno a otro, harto ya culpados por doquier,
Sino démonos amor, aligerémonos la carga
Uno a otro en esta hora de pesares compartidos,
Puesto que esa muerte señalada, tal parece,
No será de pronto, sino daño rezagado:
Largo día pereciendo para aumento del dolor,
Y a nuestra estirpe (¡pobre estirpe!) derivado.»
A lo que Eva, recobrando el ánimo, repuso:
«Adán, por triste experimento puedo ya saber
Qué poco peso mis palabras hallan ahora en ti,
Halladas tan erróneas y, en justa implicación,
Halladas tan fatales; sin embargo, pues,
Por ti repuesta, vil que soy, y nuevamente
Tolerada, en la esperanza de recuperar
Tu amor, el único contento de mi corazón
En vida o muerte, no te ocultaré los pensamientos
Que en mi inquieto pecho se levantan
Pretendiendo cierto alivio de estas aflicciones,