El paraíso perdido
El paraíso perdido Complaciendo de tal modo a su ira vengadora,
O por hacerle más servicio como esclavos
(Prerrogativa bélica), sean los que sean sus asuntos
Aquí, en el centro del Infierno, trabajando ya entre llamas
Ya cumpliendo sus encargos en la Hondura tenebrosa?
¿De qué nos sirve entonces el sentir
La fuerza no mermada, o nuestro eterno ser,
Si es para aguantar castigo eterno?».
A lo que con verba rauda el Archidemonio replicó:
«Caído Ángel, ser débil es miserable
En la acción o sufrimiento; pero ten por cierto esto:
Hacer un bien jamás será tarea nuestra,
Sino siempre obrar el mal nuestro deleite,
Siendo cosa opuesta a su alta voluntad,
Que resistimos. Si después su Providencia
Nuestro mal intenta transformar en bien,
Buscaremos arruinar su empeño
Y en el bien hallar los medios para el mal;
Y a menudo puede que triunfemos, y quizá
Le duela, si no fallo y consigo desviar
Sus más recónditos designios de su presagiado fin.