El paraíso perdido
El paraíso perdido De ahí que surjan pronto bárbaras persecuciones
Contra todos los que perseveren en el culto
Del Espíritu y de la Verdad; el resto, más copioso,
Hallará en espurias formas y en externos ritos
Satisfecha religión; la Verdad se alejará,
Herida por saetas calumniosas, y las obras de la fe
Serán extrañas. De este modo el mundo irá,
Maligno para el bueno, para el pérfido benigno,
Bajo el propio peso quejicoso, hasta el día
En que amanezca, para el justo, su respiro,
La venganza para el réprobo, y retorne aquél
De cuyo auxilio recibiste hace poco la promesa,
La Semilla de Mujer, predicho oscuramente antes,
Mas que ahora reconoces como Dueño y Salvador,
Y que al fin será en las nubes de los Cielos revelado,
En la gloria de Dios Padre, para disolver
A Satanás y el mundo pervertido, y luego alzar
De la masa conflagrante, ya purgada y refinada,
Nuevos Cielos, nueva Tierra, eras incesantes
Instauradas en la paz, amor, justicia,
Que por frutos den el gozo y eternal ventura.»
Aquí cesó y Adán, por último, repuso:
«Qué veloz tu predicción, Augur bendito,