Paraiso perdido
Paraiso perdido (Ardua cosa y rara), a salvo te visito nuevamente
Y siento tu fulgor vital y soberano. Mas tú
No retornas a estos ojos[139], que en vano giran
Por hallar tu penetrante rayo, sin hallar aurora:
Gota tan serena[140] extinguió sus órbitas
O los veló la turbia sufusión[141]. Mas no por ello
Dejo de buscar lugares que las Musas rondan,
Clara fuente, o arboleda en sombras, o colina al Sol,
Del amor preñado de sagrado Canto. Mas a ti,
Sión, sobre todo, y el floral arroyo
Que tus pies sagrados lava, y fluye cantaleando,
Te visito por las noches. Y no olvido a veces
A otros dos a mí en destino semejantes
(Así alcance yo su fama),
Tamiris[142] ciego y el ciego Meónides,
Y Tiresias y Fineo[143], profetas de otros tiempos.
Me nutro luego de pensares que eficaces mueven
Melodiosos números[144]: así el pájaro en vela