Paraiso perdido
Paraiso perdido Para ver sus obras y las obras de éstas a su vez:
Sobre él las Santidades todas de los cielos
Se mostraban densas como astros, recibiendo de su vista
Beatitud inexpresable. A su diestra
La radiante imagen de su Gloria se sentaba,
Su Hijo Único[146]. En la Tierra vio primero
A los dos primeros Padres, los dos únicos aún
Del género humano, en aquel Jardín afortunado,
Cultivando frutos inmortales de amor y dicha,
Dicha permanente, amor insuperable
En bendita soledad. Después Dios escrutó
El Infierno y la Sima en medio, y Satán allí,
Bordeando el muro celestial, del lado Noche,
En sublime aire oscuro, y listo ya
A descender con ala exhausta y pie dispuesto
Al desnudo Orbe de este mundo, parecido
A tierra firme, guarecida sin su firmamento,
Incierto el dónde: si en océano o en aire.
Viéndolo pues Dios desde la alta perspectiva
Que el pasado y el presente y el futuro exhibe,
A su Hijo Único, presciente, dijo: