Paraiso perdido
Paraiso perdido Y cuán glorioso fui otrora sobre esa esfera tuya:
Orgullo y ambición me despeñaron
Pues batalla di en el Cielo al Rey del Cielo impar.
¡Y por qué! No merecía tal respuesta mía
Quien creó lo que yo era
En aquella fúlgida eminencia, y con su bien
A nadie reprendía, ni era duro su servicio.
Qué menor tributo que rendirle su alabanza,
Fácil recompensa, y darle gracias,
¡Tan debidas! Mas su bien en mí fue sólo mal
Y no gestó sino vileza; elevado tan arriba
Desdeñé la sujeción, creyendo que más alto
Me hallaría Altísimo, y en un instante repudié
La deuda inmensa de perpetua gratitud:
Tan gravoso, aún pagándola, deberla todavía;
Olvidando lo que de él aún recibía,
No entendí que una mente agradecida,
Al deber, no debe nada: más bien paga, al tiempo
Endeudada y eximida. ¿Y qué carga, pues?
Oh, si su hado poderoso me hubiese concebido