Paraiso perdido
Paraiso perdido Y si me ablandase yo por el candor inerme
Que mostráis (y así lo hago), pública razón y justa
—Honor e Imperio engrandecido por venganza
Al ganar el mundo nuevo—, me obliga ahora
A eso que, si no maldito, aborreciera».
Así habló el Demonio y con necesidad,
Pretexto del Tirano, excusó sus actos infernales.
Luego, desde el puesto altivo en el árbol grande,
Salta en medio del rebaño jubiloso
De aquellos animales: ahora él uno,
Otro ahora, a medida que sus formas le servían
Para ver su presa de más cerca e, inadvertido,
Sondear de la pareja todo aquello que pudiera
Por palabra o gesto señalados. A ellos, pues,
Ahora cual león les ronda con mirar de fuego,
Tigre luego, que hubiese descubierto por azar,
En un lindero forestal, jugando dos cervatos;
Y allí tendido acecha, o se alza y cambia con frecuencia
Su tendida guardia, como quien escoge el puesto