Paraiso perdido
Paraiso perdido Arrojado tras nosotros en la exhausta tempestad
Ha aplacado el mar de fuego que al caer
Nos recibió del Precipicio empíreo, y al Trueno,
Alado en su ira impetuosa y rojo Rayo,
Acaso no le queden dardos y ahora cese
De rugir por este vasto, ilimitado Abismo.
No perdamos la ocasión, ya el desdén
Del enemigo, ya saciada furia nos la brinde.
¿Ves allí aquella lóbrega llanura, yerma y áspera,
Sede de desolación, de luz exenta
Salvo por lo que el rielar de estas llamas lívidas
Vuelve pálido y temible? Hacia allí vayamos,
Dejando la zozobra de estas olas ígneas,
A buscar reposo, si reposo puede haber ahí,
Y tras reunir a nuestras rotas huestes
Pensemos cómo desde ahora ofender mejor
Al Enemigo, o remediar la pérdida,
Cómo superar tan fiera desventura,
Qué auxilio extraer de la esperanza
O qué resolución del desespero».
Así Satán, hablando a su inmediato camarada
Con la testa levantada sobre aquellas olas, y ojos