Paraiso perdido
Paraiso perdido Mi andadura, si quien me condujo
Hasta esta cima no surgiera de los árboles,
Deífica Presencia. Exultante y temeroso
A sus pies caí en adoración sumisa:
Él me alzó y “Quien buscas ése soy
—Dijo dulce—, Hacedor de todo lo que ves
Arriba, alrededor de ti o debajo.
Este Paraíso te lo doy: por tuyo tenlo
Para cultivarlo y mantenerlo, y comer sus frutos.
De todo árbol que prospera en el Jardín
Come libre, grato el ánimo, no temas carestía;
Mas del árbol cuyo efecto trae del Bien
Y el Mal la ciencia, que hago garantía
De tu fe y sometimiento, y pongo en medio
Del Jardín junto al Árbol de la Vida,
Ten presente lo que digo: cuídate siquiera de probarlo,
Y cuida de su amarga consecuencia: pues entiende,
El día en que lo pruebes, violando mi único
Mandato, inevitablemente morirás:
Mortal desde ese día, esta condición feliz
La perderás, de aquí arrojado a un mundo
De miseria y llanto”. Pronunció severo
La inflexible prohibición, que reverbera