Paraiso perdido
Paraiso perdido Mientras tanto, el acto abyecto y despreciable
De Satán allá en el Paraíso, y de qué manera
Convertido en la Serpiente, sedujera a Eva,
Y ésta a su consorte, a probar fatal del fruto,
Fue en el Cielo conocido; pues ¿qué escaparía al ojo
Del Señor omnividente, o su omnisciente corazón
Engañaría, quien en todo sabio y justo
No impidió a Satán tentar la mente del humano,
De completa fuerza armado y libre voluntad,
En todo bien capaz de descubrir y rechazar
Cualquier argucia de adversario, o aparente amigo?
Pues supieron siempre —y debían siempre recordarlo—
El gran mandamiento de evitar el fruto aquel,
Quienquiera los tentase; que, al desoírlo,
Se ganaron —y qué menos— el castigo
Y, sumidos en pecado, merecieron la caída.
Desde el Paraíso a prisa arriba al Cielo
Ascendió la Guardia Angélica, callada y triste