Paraiso perdido
Paraiso perdido Tú descubrirías pronto qué te oculto.
La mujer, que hiciste para serme ayuda
Y me diste como don perfecto, tan propicia,
Apropiada y aceptable, tan divina,
Que viniendo de ella no podía sospecharse mal,
Y que en todo lo que hacía, fuera lo que fuera,
Parecía que su hacer la acción justificaba,
Me ofreció del Árbol y yo comí».
La Presencia Soberana así le respondió:
«¿Era ella pues tu Dios, que así la obedeciste
Antes que a la voz divina, o se te dio por guía,
Superior, tu igual acaso, que tu hombría
A ella hubiste de rendirle y el lugar
En el que Dios te puso, sobre ella hecha de ti,
Y para ti, pues tu perfección en mucho excede
Las que tiene, en toda dignidad real. Adornada
Estaba, ciertamente, y era hermosa para despertar
Tu amor, no sometimiento, y sus dones
Eran tales que pedían buen gobierno,
No hecha ella para el mando, que era tu tenor
Y tu persona, si te hubieras conocido bien».