Paraiso perdido
Paraiso perdido Rectos tus decretos en todo lo que obras;
¿Quién podría extenuarte?». Luego al Hijo,
Destinado Redentor del hombre, por quien
Nuevo Cielo y Tierra con las eras se alzarán
O bajarán del Cielo. Tal su canto,
Mientras el Creador, llamando por su nombre
A sus fuertes Ángeles, les dio diverso encargo,
Que al presente de las cosas convenía. El Sol
Primero recibió precepto de brillar, moverse,
De manera que a la Tierra con calor y frío la afectase
Apenas tolerable, y que llamase desde el norte
Al decrépito aquilón, y desde el sur trajese
Solsticial calor de estío. A la Luna lívida
Su oficio le impusieron; a los otros cinco[313],
Sus mociones planetarias, sus aspectos
En sextil, cuadrado, trino[314] y en oposición,
De pernicioso efecto, y cuándo unirse
Al sínodo imbenigno[315]; y a las fijas enseñaron
Cuándo derramar maligno influjo, cuál
De ellas, al alzarse o al ponerse con el Sol
Debía ser tempestuosa; a los vientos puntos