Paraiso perdido
Paraiso perdido Pesadas, aunque en su lugar[321]. ¡Fugaces gozos
Del Edén, pagados con lamentos perdurables!
¿Te pedí yo acaso, Hacedor, desde mi arcilla
Moldearme en hombre?, ¿te rogué sacarme
De tinieblas, o un lugar aquí y morada,
En el plácido Jardín? Ya que mi voluntad
No tuvo parte en este ser que es mío,
Sería justo, equitativo, reducirme a polvo,
Deseoso como estoy de renunciar y devolverte
Todo lo obtenido, incapaz siquiera de cumplir
Tus términos, muy duros, por los que debía conservar
Un bien que no pedí. A la pérdida del mismo,
Ya castigo suficiente, ¿a qué le añades
Tal sentir de penas incesantes? Tu justicia
Me parece inexplicable. Pero, cierto, tarde
Yo protesto, pues debían rechazarse entonces
Cualesquiera términos, al ser propuestos:
Tú los aceptaste, ¿has de disfrutar del bien, así,
Y luego cavilar las condiciones? Y aunque Dios
Te hizo sin permiso tuyo, ¿qué, si tu hijo
Se probase inmanejable y, reprobado, replicase:
“¿Por qué me concebiste? Yo no quise”;
Acaso aceptarías, del desdén mostrado,