Paraiso perdido
Paraiso perdido Del Edén pudiera haber cobrado, antes de caer
De la inocencia. Ahora, pues, tu oído abre
A su súplica, escucha sus suspiros aunque mudos;
Inhábil en palabras de oración, permite
Que interprete lo que dice, abogado suyo soy
Y sacrificio. Todas sus acciones, buenas o no buenas,
Préndelas en mí: hará mi mérito perfectas unas
Y mi muerte por las otras pagará.
Acéptame, y recibe de ellos, a través de mí,
Aroma de conciliación, concede a Adán vivir
En paz contigo, cuando menos sus prescritos
Días, aunque tristes, hasta que la muerte, su condena
(Yo por mitigarla así te imploro, no quitársela),
A vida superior lo lleve, donde él conmigo
Y mis redimidos morará en la dicha y júbilo,
Conmigo hecho uno, como yo contigo soy».
A lo que el Padre, ya sin nubes y sereno:
«Todo lo que pides por el hombre, aceptado Hijo,
Tenlo, toda tu demanda era mi decreto:
Mas que siga él morando en ese Paraíso