Anos y leguas
Anos y leguas Ya no quedan grandes señores en la comarca.
Los del tiempo viejo —le refieren a Sigüenza los labradores recordando el suyo— eran cada uno señor de veras: señor de los montes, de las aguas, de los caminos, de las alcabalas, del bien y del mal. Desde su heredad sabían lo que pasaba en Madrid. Los únicos que lo sabían. Su palabra era la voz del mundo. Sagasta y Cánovas se lo consentían todo. Sagasta y Cánovas lejanos, invisibles y eternos.
—¿Ustedes vieron a Sagasta y Cánovas?
—¿Nosotros? Nosotros, no, señor; aquí nadie sino aquellos señores. ¿Y usted?
—¿Yo? Yo, tampoco.
