Anos y leguas
Anos y leguas Cada vez más agrias las laderas, más exaltados los filos de las montañas. El hondo y el horizonte, caminados trozo a trozo, aparecen articulándose en finas encarnaciones y coincidencias universales. Instantes eternos del estado de gracia de los panoramas. Los ojos del paisajista no pueden reprimir un prurito de adivinanzas y apuestas de cómo serán y se quedarán los fragmentos del paisaje que se le aparecen y descogen según se acerca. Dos cipreses de bronce, una grada de cultivos, una acumulación de losas, un breñal torvo, un pueblo saliendo jugosamente de los sembrados. Cada rasgo, cada culminación de paisaje ha estado esperándonos. En seguida se nos queda a la espalda, trocándose y estampándose en un viejo conjunto, en un pasado del espacio que nunca podrá pertenecernos.
