Anos y leguas
Anos y leguas VenÃa entonces del pueblo un caminito entre la viña, entre los olivares; bajaba y subÃa por los barrancos, se perdÃa en una revuelta y, de pronto, otra vez la alegrÃa tan buena del camino. Si no fuese por el agua, pero, además, por los caminos, por los senderos, el campo tendrÃa una inmovilidad y una confinación de angustia impasible de tullido. ¡Lo que promete una senda para los que viven en las soledades, aunque no hayan de caminarla, y quizá por eso! Aquel caminito pasaba el otero del pinar, y antes de precipitarse se quedaba parado. Ya no está. Se lo llevó el rÃo de polvo de la carretera. Pues por allà apareció él una tarde, en un caballo blanco. Llevaba la cabeza desnuda; era muy rubio y el sol le encendÃa sus cabellos, alborotados por el viento que entraba del mar. ¡Cuántos años! Ellas lo veÃan desde ese viejo balcón. Y la madre les dijo a sus hijas: —¡Es rubio como vosotras; va de luto; parece vuestro hermano que viene de vacaciones!
