Anos y leguas
Anos y leguas Iban en un cochecito amarillo, de dos ruedas finas, hiladas, como dos arañas; un calesÃn o cabriolé que rebotaba por el trote de una yegua torda.
Sigüenza le dijo al amo:
—¡Casi tiene usted más fuerza que su yegua!
Bardells sonrió agradecido, pero no aceptó del todo la alabanza.
—Tiene más fuerza la yegua que yo. Yo le llevo la ventaja de las ramaleras. Y esto no es quejarme de mis brazos. Yo manejo mis mulas. Tengo cuatro carros; cada carro de tres mulas; dos camiones, tres heredades y la almazara y la tienda. Yo estudiaba medicina y colgué los libros.
Para fumar encomendó los ramales a Sigüenza, que, empuñándolos, también se creyó poderoso como Bardells y como uno de los héroes de las odas de PÃndaro.
—¡Se le para la jaca y usted no lo siente!
—No lo sentÃa mirando aquel casón.
—¿El de la familia de luto?
—¿Es que usted la conoce?
—¿Que si yo la conozco?
Le cogió las riendas a Sigüenza y se despertó la yegua con un brinco jovial de campanillas. El humo del polvo los envolvió como la nube a los dioses de Homero.
