Anos y leguas
Anos y leguas Los campos y el cielo se desnudan del humo del bochorno. Septiembre se levanta palpitando de un aire dulce de cosechas: cosecha de algarrobas afiladas y retorcidas como cuernas de carnero; cosechas de almendras de color de canela, que pronto irán trocándose en panales de Navidad. Todos los dÃas amanecen las higueras con más higos maduros, de piel regañada, saliéndoseles almÃbar. Las pomas de invierno principian a engordar de azúcar, que ha de cristalizarse en los relentes. Los huertos rebrotan en la segunda primavera del año agrario. Crecen los alcaciles y van estilizándose como capiteles de acantos; los zarcillos de los frisuelos y de las calabazas saben escoger los nudos del panizo, y asà se irá colgando toda la mata; los habares abren su flor de antifaz, y en los ribazos se asoman las mejillas redondas y sofocadas de las granadas.
Olor Ãntimo y fresco de las lejanÃas diáfanas.
Nuestra salud adquiere un subido valor. Y Sigüenza deja su reposo y sale por un sendero viejo que le llevará a una meseta de losas y margas de color de cinabrio. Camina de prisa, con un buen contento. Sus ropas y su cayada huelen a otoño. Le parece que desde lo alto ha de ver su felicidad.
Del jorfe de un bancal de oliveras viene un gemir de pájaro. Debe de ser un nido derribado.
