Anos y leguas
Anos y leguas Día bueno; un día de felicidad para Sigüenza, sin que haya sido necesario el motivo que la origine. Felicidad que no le exalta ni le mejora; felicidad clara, sin dejo, como el agua más pura que no tiene sabor. Leve en el día, sin soltarse de sí mismo. Ningún propósito le hace enfilar el corazón hacia un deseo del mundo.
Tarde de sábado. El pueblo sale al sol en lanza de piedra dorada. Recibe una claridad tierna y madura; parece que se han juntado la claridad de la mañana y la de la tarde, como dos mozas.
Hoy la piedra de los montes es de cera y la va modelando Sigüenza con los ojos. Los collados tienen una piel de albérchigo; las umbrías, un verde íntimo para corderos de San Juan Bautista niño.
Sendas frescas como si principiasen a correr esta tarde. Sendas humildes hechas de pisadas ajenas, y siempre parece que se dejen abrir virginalmente por nuestros pies. ¡Nuestros pies obedecen las viejas pisadas el agua de estos manantiales, agua estremecida de todas las imágenes de su camino; la misma agua desde la sierra al llano; el mismo cuerpo en cada gota y en las distancias, en su conjunto y multiplicadamente, sin perderse en su unidad!».
