Semana Santa
Semana Santa Josef se estremece pensando si no será ese miedo la equivalencia al otro miedo de los hombres de que no se cumpla lo que su fe les tiene prometido.
Quiere confortarse repitiéndose palabras de Jesús. El Señor ha dicho: «¡Por ventura fructificará el grano de trigo si no se le entierra!». Pero Josef siente ya el cansancio de los dÃas y el de la aflicción del viernes tumultuario y trágico.
Hoy se ve solo a sà mismo. Las mujeres que asistÃan al Maestro preparan escondidamente los aromas y vendas para acabar de ungir el cadáver. Los discÃpulos han desaparecido. El Rabbi lo predijo con el profeta: «Dice el Señor de los ejércitos: Hiere al Pastor y se dispersará el rebaño».
Josef se va acercando a la cripta. Hoy el silencio de la peña le traspasa la frente, se prolonga en el huerto; y el varón justo se vuelve a todo para escuchar.
Suben las golondrinas, volcándose rápidas y gozosas en el azul. Toda su verdad la tienen en sus alas; y el anciano mira la tarde y se angustia porque está solo con el muerto y su fe.

…Amanece el sábado calladamente. Las piedras quedaron goteadas de las hachas de las procesiones del viernes. TodavÃa remansa el olor de las flores pisadas, que se deshojaron sobre la cruz, y hay un vaho de aceites y vinos de figón donde duermen los «nazarenos».