Semana Santa
Semana Santa Nadie se merecía más que él una edición como la presente, pura forma para encerrar forma pura. Cuando mi amigo Daragnès me enseñó en su taller de Paris, hace tan sólo unos meses, las primeras páginas tiradas de Semana Santa, Gabriel Miró, que había corregido las galeradas minuciosamente, me acababa de escribir preguntando en qué época saldría a luz el libro. Le contesté con toda sinceridad: «Va a salir en seguida»… Pero el taller-laboratorio de Daragnès, tan aseado, tan luminoso, tan pulcro, tan lleno de recogimiento, en la alta paz de Montmartre, es también otra capilla, donde se celebra con religioso fervor el arduo culto de la más exigente bibliofilia. Esta es una de las pocas artes que todavía se mantienen por encima del tiempo. El vértigo contemporáneo no puede nada contra ella. Perecerá, en todo caso; pero no querrá, no podrá apresurarse jamás. Una gran edición dura todavía cuatro años, como antes la composición de un fresco, de un poema o de una sinfonía. Un «en seguida», en bibliofilia, equivale a un semestre… Y nadie podía ni soñar que Gabriel Miró iba a morirse entre la corrección de las galeradas y la aparición de su libro —de este libro que ya estaba a punto de aparecer—. El autor no ha podido verlo terminado. Ha sido una imperdonable falta de estilo de la fatalidad: probablemente la única que llevará la obra.
GAZIEL

