El Avaro
El Avaro HARPAGÓN.— Veamos; interés de madrastra aparte, ¿qué te parece a ti esa persona?
CLEANTO.— ¿Qué me parece?
HARPAGÓN.— SÃ; su aire, su talle, su belleza, su ingenio…
CLEANTO.— AsÃ, asÃ…
HARPAGÓN.— ¿Y qué más?
CLEANTO.— Hablándoos con franqueza, no me ha parecido aquà lo que habÃa creÃdo. Su aire es el de una indudable coqueta, su talle bastante basto, su belleza muy mediana y su ingenio de lo más vulgar. No creáis, padre mÃo, que lo digo para apartaros de ella, pues, madrastra por madrastra, tanto se me da ésta como otra.
HARPAGÓN.— Sin embargo, hace poco le decÃas…
CLEANTO.— Le he dicho unas cuantas galanterÃas en vuestro nombre; mas era por agradaros.
HARPAGÓN.— ¿No sientes, entonces, inclinación hacia ella?
CLEANTO.— ¿Yo? En absoluto.
