El Avaro
El Avaro HARPAGÓN.— Acércate; ven a confesar la más negra acción, el atentado más horrible que se haya cometido nunca.
VALERIO.— ¿Qué queréis, señor?
HARPAGÓN.— ¡Cómo, traidor! ¿No te avergüenzas de tu crimen?
VALERIO.— ¿De qué crimen queréis hablar?
HARPAGÓN.— ¿De qué crimen quiero hablar, infame? ¡Como si no supieras lo que quiero decir! Es inútil que pretendas encubrirlo; está descubierto el asunto y acaban de contármelo todo. ¡Cómo! ¡Abusar asà de mi bondad, introducirte deliberadamente en mi casa para traicionarme y hacerme una jugarreta de esta naturaleza!
VALERIO.— Señor, puesto que os han descubierto todo, no quiero emplear rodeos ni negaros la acción.
MAESE SANTIAGO.— Aparte: ¡Oh, oh! ¿Habré yo adivinado sin saberlo?
VALERIO.— Era propósito mÃo hablaros de ello, y querÃa esperar para hacerlo a unas circunstancias favorables; mas puesto que es asÃ, os ruego que no os enojéis y que accedáis a escuchar mis razones.
HARPAGÓN.— ¿Y qué lindas razones puedes darme, infame ladrón?
