El Avaro

El Avaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

ANSELMO.— Sí, hija mía; sí, hijo mío; soy don Tomás de Alburci, a quien el Cielo preservó de las ondas con todo el dinero que llevaba, y que, creyéndoos muertos a todos, durante dieciséis años, se disponía ahora, después de largos viajes, a buscar en el himeneo con una dulce y discreta persona el consuelo de una nueva familia. La escasa seguridad que para mi vida he podido apreciar si volvía a Nápoles me ha hecho renunciar a ello para siempre, y habiendo sabido encontrar medios de hacer que se vendiera allí lo que poseía, me he acostumbrado a vivir aquí, donde, bajo el nombre de Anselmo, he querido alejar de mí las penas de ese otro nombre, que tantos sinsabores me ocasionó.

HARPAGÓN.— (A Anselmo). ¿Éste es vuestro hijo?

ANSELMO.— Sí.

HARPAGÓN.— Os emplazo entonces a que me paguéis diez mil escudos que me ha robado.

ANSELMO.— ¿Qué os ha robado él?

HARPAGÓN.— Él en persona.

VALERIO.— ¿Quién os ha dicho eso?

HARPAGÓN.— Maese Santiago.

VALERIO.— (A Maese Santiago). ¿Lo has dicho tú?

MAESE SANTIAGO.— Como veis, yo no digo nada.

HARPAGÓN.— Sí. Aquí está el señor comisario, que le ha tomado declaración escrita.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker