El Avaro
El Avaro CLEANTO.— ¡Ah, felón! ¿Dónde te has metido? ¿No te habÃa yo mandado…?
FLECHA.— SÃ, señor, y he venido aquà para esperaros a pie firme; pero vuestro señor padre, el más incivil de los hombres, me ha echado a la fuerza y he corrido el riesgo de ser apaleado.
CLEANTO.— ¿Cómo va vuestro negocio? Las cosas urgen más que nunca, y, después de haberte visto, he descubierto que mi padre es mi rival.
FLECHA.— ¿Vuestro padre enamorado?
CLEANTO.— SÃ, y me ha costado gran trabajo ocultarle la turbación que me ha producido esa noticia.
FLECHA.— ¡Él, dedicarse a amar! ¿En qué diablos piensa? ¿Se burla del mundo? ¿Y se ha hecho el amor para gentes como él?
CLEANTO.— Para castigo mÃo, se le ha metido en la cabeza esta pasión.
FLECHA.— Mas ¿por qué razón le ocultáis vuestro amor?
CLEANTO.— Para no suscitar sus sospechas y reservarme, en caso necesario, medios más fáciles con los cuales desbaratar ese matrimonio. ¿Qué respuesta te han dado?
