El Avaro
El Avaro (A Harpagón). No he sido yo, señor, al menos, quien les ha revelado vuestro nombre y casa; mas, a mi juicio, no hay gran daño en esto; son personas discretas, y podéis explicaros aquà reunidos.
HARPAGÓN.— ¡Cómo!
MAESE SIMÓN.— (Señalando a Cleanto). El señor es la persona que quiere pediros prestadas las quince mil libras de que os he hablado.
HARPAGÓN.— ¡Cómo, bigardo! ¿Eres tú quién te entregas a estos ocultos extremos?
CLEANTO.— ¡Cómo, padre mÃo! ¿Sois vos quién realizáis estas acciones vergonzosas?
(Maese Simón huye y Flecha va a esconderse).