El Avaro
El Avaro HARPAGÓN.— Aparte: Todo marcha como es debido.
¿Qué hay, Frosina?
FROSINA.— ¡Ah, Dios mÃo! ¡Qué bien estáis, y qué cara más saludable que tenéis!
HARPAGÓN.— ¿Quién, yo?
FROSINA.— No he visto nunca un cutis tan lozano y saludable.
HARPAGÓN.— ¿De veras?
FROSINA.— ¡Cómo! No habéis estado jamás en vuestra vida tan joven como ahora, y veo mozos de veinticinco años más viejos que vos.
HARPAGÓN.— Sin embargo, Frosina, tengo sesenta bien cumplidos.
FROSINA.— ¿Y qué? ¿Qué son sesenta años? ¡Vaya una cosa! Es la flor de la edad, y entráis ahora en la más bella época del hombre.
HARPAGÓN.— Es cierto; pero veinte años menos, sin embargo, no me perjudicarÃan, creo yo.
FROSINA.— ¿Os burláis? No necesitáis eso, y sois de una madera como para vivir hasta los cien años.
HARPAGÓN.— ¿Lo creéis as�
FROSINA.— Con seguridad. Tenéis todos los indicios de ello. ErguÃos. ¡Oh! Ahà está, entre vuestros ojos, una señal de larga vida.
