El Avaro
El Avaro VALERIO.— (Riendo). Por lo que puedo ver, maese Santiago, pagan mal vuestra franqueza.
MAESE SANTIAGO.— ¡Pardiez!, señor recién llegado, que os las echáis de importante, eso no es cuenta vuestra. ReÃos de los palos que os den, y no vengáis a reÃros de los mÃos.
VALERIO.— ¡Ah, maese Santiago, no os enojéis, por favor!
MAESE SANTIAGO.— Aparte: Se amilana. Voy a echarlas de bravucón, y si es lo bastante necio para tenerme miedo, le vapulearé un poco.
¿No sabéis, señor risueño, que yo no me rÃo y que si me calentáis la cabeza os haré reÃr de otro modo?
(Maese Santiago empuja a Valerio hasta el fondo de la escena, amenazándole).
VALERIO.— ¡Eh! ¡Poco a poco!
MAESE SANTIAGO.— ¡Cómo! ¿Poco a poco? ¡No me da la gana!
VALERIO.— ¡Por favor!
MAESE SANTIAGO.— Sois un impertinente.
VALERIO.— Señor maese Santiago…
MAESE SANTIAGO.— ¡Nada de señor maese Santiago! ¡Si cojo un palo, os voy a zurrar de lo lindo!
VALERIO.— ¡Cómo! ¿Un palo? (Valerio hace retroceder a Maese Santiago a su vez).
