El Avaro
El Avaro HARPAGÓN.— (A Mariana). Os ruego que me disculpéis, amor mÃo, por no haberos hecho servir una ligera colación antes de partir.
CLEANTO.— Ya me he ocupado de eso, padre mÃo, y he mandado traer aquà unas fuentes con naranjas de la China, limones y confituras que he enviado a buscar de parte vuestra.
HARPAGÓN.— (Bajo, a Valerio). ¡Valerio!
VALERIO.— (A Harpagón). Ha perdido la cabeza.
CLEANTO.— ¿Acaso os parece, padre mÃo, que no es bastante? Señora, tened la bondad de disculparnos, por favor.
MARIANA.— No era necesario.
CLEANTO.— ¿Habéis visto nunca, señora, un diamante con más destellos que ese que lleva mi padre en el dedo?
MARIANA.— En verdad, rebrilla mucho.
CLEANTO.— (Quitando el diamante del dedo de su padre y dándoselo a Mariana). Tenéis que verlo de cerca.
MARIANA.— Es bellÃsimo, sin duda, y despide innumerables destellos.
