El enfermo imaginario
El enfermo imaginario ANTONIA.— ¡Bien se divierten a vuestra costa los señores Fleurant y Purgon! Han encontrado una vaca y la ordeñan a gusto. Quisiera yo saber qué enfermedad es la vuestra, que necesita de tantos remedios.
ARGAN.— ¡Calla, ignorante! ¿Quién eres tú para, criticar las prescripciones de la medicina…? Ve a llamar a mi hija Angélica, que tengo que hablarle.
ANTONIA.— Aquà viene. Parece que ha adivinado vuestros deseos.