El enfermo imaginario
El enfermo imaginario (Es de noche, y Polichinela viene a dar serenata a su amada. Le interrumpen, primeramente, los violinistas, contra los cuales monta en cólera, y después, la patrulla compuesta de músicos y danzantes).
POLICHINELA.— ¡Oh, amor, amor, amor, amor.…! ¿Qué diablos de fantasÃas se te han metido en la cabeza, desdichado Polichinela? Abandonas tu negocio y olvidas completamente todas tus atenciones. No comes apenas si bebes, pasas las noches en claro, y todo esto ¿por qué? .… Por una dragona, una verdadera dragona; una diablesa, que te rechaza y que se burla de cuanto le digas. Pero es inútil razonar sobre este punto, pues eres tú, Amor, quien lo ordena, y es necesario enloquecer, como les ha sucedido a tantos otros. Verdaderamente, no es esto lo que mejor le cuadra a un hombre de mis años; pero.… ¿qué le vamos a hacer? La indiscreción no depende de nuestra voluntad, y un viejo puede perder la cabeza de igual modo que un mozalbete.… Voy a ver si logro amansar un tanto a mi tigresa dándole serenata. En ocasiones, no hay nada tan conmovedor como un amante que se llega a la puerta de la adorada y le canta sus dolencias a los goznes y los cerrojos. He aquà con qué acompañar mi voz. ¡Oh noche, querida noche; lleva mis cuitas amorosas hasta el mismo lecho de mi inflexible!
(Canta).
Notte e di v’amo e v’adoro.
